Todo Tiene Su Tiempo

En el post titulado Dios Está Cerca de Ti les conté de los procesos más duros que he vivido, los cuales jamás imaginé que me ocurrirían y de los cuales pensé que no saldría con vida porque a veces uno siente que literalmente se va a morir.

Pues, dentro de toda esa odisea vinieron más situaciones. Pequeñitas si las comparo con todo lo que ya había pasado, pero como quiera había que prestarles atención y trabajar con ellas.

La mayor de esas situaciones era mi papá.

Mi mamá crio 3 hijos muy independientes y un bebé de sesenta y pico años. Ese es papi. Ella le hacía todas las cosas. Cuando digo todas, me refiero a que ella siempre era la que iba y le buscaba las cosas, le lavaba, planchaba, cocinaba, limpiaba la casa, pero también lo ayudaba a vestirse, le buscaba los medicamentos, hacía los pagos, le preparaba la maleta si iban de viaje, le servía su comida, te traía el plato a la mesa, el vaso con la bebida, los cubiertos y la servilleta, etc.

Entonces, saber que papi ahora estaba sólo era muy angustiante. Más Dios se hizo cargo de cada detalle… hasta el más insignificante.

Por ejemplo: En el verano antes de la muerte de mami, yo encontré una página de internet que se llama Pinterest. Creo que supe de ella algún tiempo antes, pero precisamente ese verano fue que encontré muchas ideas de organizar cosas en la casa.

Yo siempre había tenido el problema de los zapatos: compraba zapateras, o bolsos para zapatos que se

enganchan detrás de la puerta, pero siempre tenía mis zapatos regados por todos lados del closet o debajo de mi cama.

Pues en el tiempo perfecto de Dios encontré una idea en Pinterest para organizar los zapatos poniéndolos en libreros, y con eso, se solucionó el problema. Ahora mis zapatos estaban en las tablillas ¡y organizados! Y ahora verán porque digo que era el tiempo perfecto.

Cuando mami murió, viajé a Puerto Rico para los servicios funerales y demás, pero también aproveché y le organicé el closet a papi. El casi siempre dejaba sus zapatos al lado de su cama y sin fijarse, seguía metiendo zapatos y zapatos debajo de la cama y cuando ya no tenia zapatos en ningún lugar, mami era quien se metía debajo de la cama para buscarle los zapatos porque él tiene problemas con sus rodillas, con una pierna que se le hincha mucho, esta sobre peso y además la edad no ayuda.

Le expliqué que ahora sus zapatos no los podía meter debajo de la cama, pero con el sistema de los zapatos en tablillas, era mucho más fácil para él. Hoy tengo que reconocer que fue en el tiempo de preciso que encontré esa idea en ese website y papi todavía dice que si no llega a ser por la idea de los zapatos en tablillas tendría que andar descalzo todo el tiempo.

Pues, volviendo al tema del tiempo perfecto de Dios, recuerdo que luego de haber pasado por el tratamiento in vitro sin éxito, mi esposo y yo decidimos buscar información y nos comenzamos a mover para tratar de adoptar en el estado de Texas, que es donde residimos.

Durante dos años estuvimos tomando cursos, leyendo libros, escribiendo ensayos, yendo a charlas, pasando por escrutinios individuales y como pareja, tomando certificaciones de resucitación cardiopulmonar, inspecciones de bomberos, departamento de salubridad, registros financieros y de pólizas de seguros. Todas estas cosas son solo algunas de todas las cosas que hicimos durante esos 2 años para tratar de licenciarnos para poder adoptar. Aun así, no pudimos obtener la licencia porque ya había pasado mas de un año y se habían vencido cursos que habíamos tomado al principio y ya para eso, fue que mami murió, y ahí también murió nuestra búsqueda por adoptar.

Necesitaba una pausa de todo y decidí ni volver a pensar en adopción. Y como decidí que ya no buscaría, entonces Dios me mostró que no era cuando yo dijera, sino que en su tiempo. Y que lo que tenía para nosotros era un regalo maravilloso.

En febrero de 2013 llegó a mi escuela una jovencita de apenas 18 años. Fue a la oficina y preguntó por “una maestra que quiere adoptar” porque alguien le había dicho que en esa escuela había una maestra que quería adoptar. Como mis compañeros sabían que era yo, la enviaron a mi salón de clases, y ahí comencé a hablar con ella.

Ella pasó a contarme su historia. En resumen, tenía dos niñas (de 3 años y 18 meses) de las cuales había perdido custodia, estaban en un hogar de crianza (“Foster Care”) y ya estaba a punto de perder sus derechos. Si eso ocurría, las pondrían en adopción y no tendría más información ni contacto con las niñas. Ella estaba desesperada porque sabía que ya no las iba recuperar, pero no podía vivir con la idea de no volver a saber nada sobre ellas.

Luego de que le conté mi historia, en medio de nuestra conversación, ella me comentó: - “Hace como año y medio hice labor voluntaria en una escuela aquí en Dallas.”

“¿Sí? ¿Cuál escuela?” – pregunté.

Ella me contestó: - “La escuela “Nombre y Apellido” (no escribo el nombre de la escuela por motivos de seguridad).

“¿Nombre y Apellido?”- repetí incrédula. “¡En esa escuela trabaja mi esposo!”

Cuando le dije quien era mi esposo, comenzó a llorar nuevamente y dijo: – “¡Fue en su salón que yo ayudaba! ¡Él tiene que acordarse de mi… incluso, él llegó a cargar en brazos a mi hija (la mayor) cuando la llevé un día a la escuela! ¡Ahora más que nunca sé que ustedes son quienes deben adoptar a mis niñas!”

O sea que Dios le permitió a mi esposo tomar en brazos a la que sería su hija, un año y medio antes de imaginarse que sería su hija.

Y ¿por qué he comprendido que todo (hasta la muerte de mi mamá) es en el tiempo perfecto de Dios? Porque, poco tiempo después que ya mis hijas estaban en nuestro hogar, mi hija mayor me decía mientras veía un personaje en la televisión: - “Mira, mami! Mira! El niño está triste. El perdió a su mamá. Yo también perdí a mi mamá.”

En ese momento tuve que recoger los pedazos de mi corazón con una pala y echarlos en una cubeta donde también pudiera recoger mis lágrimas. Senté a mi niña en mi falda, la abracé, y le dije: “Yo sé que perdiste a tu mamá, pero ahora me tienes a mi que soy tu nueva mamá.” En ese momento comprendí que yo tenía que perder a mi mamá para poder comprender el dolor y el terror que vivieron mis hijas porque, aunque gracias a Dios no vivieron violencia (sino negligencia), el temor que sentí al verme sin mami a mis 34 años no podía compararse al terror que ella debió haber sentido teniendo apenas 2 añitos. Y di gracias a Dios porque una vez mas me mostró que el esta en control y sus tiempos son perfectos.

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Eclesiastés 3: 1

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