Dios Envía Consuelo Hasta Desde Otros Países

El pasado jueves 28 de septiembre tuve el inmenso privilegio de viajar por primera vez a México. El grupo de adoración de mi iglesia (Iglesia Casa de Gracia en Grand Prairie, Texas) y nuestro pastor (Abner Ávila) recibió hace un año la invitación a participar en el Congreso de Jóvenes JOIN de la iglesia Casa de Misericordia en la Ciudad de México.

Cuando supimos de la invitación nos emocionamos mucho, pero parecía todo tan lejano que básicamente me dije: “¡Qué bien! Ya veremos… porque en este momento no tengo mucho dinero para ir, pero si quieres que vayamos Dios, entonces harás que podamos conseguir el dinero que necesitamos.”

Entonces, cuando comenzó el verano, Flor (mi cuñada y líder del grupo) comenzó a hacer actividades, a motivar al grupo para que hicieran actividades de recaudación de fondos etc. Y con todo esto parecía que si sería posible que fuésemos a Ciudad de México.

Luego otros sugerían nuevas ideas y se hacían más actividades y como que me animé más con el viaje. Se unieron personas al viaje y la emoción aumentaba. Así que ya para principios del mes de julio yo me sentía que tenía un pie en el avión, aunque el viaje sería a finales de septiembre.

En julio, cuando llego el día de cobro de mi esposo, por alguna extraña razón no entró el pago automáticamente como era usual. Y al cabo de 2 o 3 días el decidió llamar al departamento de nómina de su trabajo a ver qué había pasado. Entonces se enteró que no cobraría por el mes de julio ni el mes de agosto.

La situación fue la siguiente: los maestros en el área de Dallas, Texas, cobran 1 vez al mes. Su sueldo anual es dividido en 12 para que así puedan seguir recibiendo un pago mensual durante los meses de verano. Bueno, pues por alguna extraña razón, el distrito donde estaba trabajando mi esposo decidió dividirle su pago anual en 10 meses en vez de 12 sin notificarle a mi esposo. Así que, para el mes de junio ya había recibido su último pago y por esa razón estaría 2 meses sin cobrar hasta que comenzaran las clases nuevamente. Y no sé si saben, pero yo estoy de ama de casa desde el año pasado lo que agravaba la situación y básicamente me hizo bajarme del avión (en mi mente).

Pero igual, cuando puse un pie fuera del avión (en mi mente) me detuve y oré: - “Señor, si Tú quieres que vayamos, Tú nos harás conseguir el dinero. No sé cómo podrías hacerlo, pero no me bajaré del avión hasta que Tú me digas.”

Gracias al Dios, mi papa pudo ayudarnos e hicimos ajustes para que no se afectaran mucho nuestras cuentas. Pero, como quiera, no era suficiente para hacer el viaje.

Entonces, como ya quedaba menos tiempo, decidimos usar un crédito (que no queríamos tocar) para comprar los pasajes. Ya era principios de agosto y aun con la inquietud y un poco preocupados porque no cobraríamos hasta septiembre, decidimos comprar los pasajes. Y justo cuando mi esposo sometió todos los datos de pago y demás para hacer la compra online, le llegó un correo electrónico que debía ser la confirmación de los pasajes. Pero cuando miró su correo se dio cuenta que era un mensaje del banco diciendo que habían recibido el pago del carro. -“Pero ¿cómo que recibieron el pago si no había suficiente en la cuenta?”- pensó mi esposo. Y fue a verificar en la cuenta solo para enterarse de que ¡el nuevo distrito escolar donde comenzaba a trabajar este año decidió dividir el pago anual de los nuevos maestros en 13 meses para que pudieran cobrar desde agosto!

Así que dimos esto como señal de que Dios quería que fuésemos al viaje y dimos gracias por su provisión.

Bueno, y con todo este sube y bájate del avión mental y ver y recordar como Dios era y siempre ha sido nuestra provisión, volví a meter el pie en el avión y dije: “Ahora sí que no me baja nadie… buajajajaa”

Pero, nadie contaba con que habría un sismo en México, y luego a la semana otro terremoto aún más fuerte, en la ciudad que precisamente íbamos a visitar y a la misma vez mi propia islita estaba siendo destruida por el huracán María, y luego otro terremoto en México y ya para los efectos estaba no solo fuera del avión, sino corriendo despavorida con todo y maletas de vuelta a mi casa (imaginariamente).

Luego, al saber que el congreso seguía en pie, y que tanto la gente de Casa Demi como mi familia en PR estaban bien, oré: - “Bueno Señor, como no llega todavía el pasaporte de Ricky, pues ni modo, no iremos porque yo sola no me voy.” Pero nada; como si Dios no supiera que estaba acobardándome… y el pasaporte que llega al otro día.

No lo niego; estaba asustadita con los terremotos, pero decidí pensar que Dios nos llevaría y nos traería de regreso con bien.

Pastor Abner predicando.

​​La experiencia fue única e inolvidable. Conocimos gente hermosa, con corazones de oro. Hermanos con un gran deseo de servir y trabajar en la obra del Señor. Jóvenes con hambre y sed del conocimiento de la palabra de Dios y con talentos poderosos e impresionantes. JOIN fue sin duda alguna un evento glorioso.

No solo fuimos muy edificados y alimentados de la palabra sino también de las delicias autóctonas de México, como el pozole, las gorditas, los tacos (de suadero y longaniza, OMG, estoy salivando profusamente), los pambazos, las tostadas “homemade” y los cubiletes (estos llevan un lugar especial en mi corazón desde que los probé).

Esta mañana, leí un verso que me hizo ver un pedacito del big picture de este viaje y del porqué yo tenía que ir al congreso en México.

Resulta que, además de compartir un poquito de mi música y adorar junto al grupo de adoración, también conocí a 2 hermosas jóvenes con quienes pude compartir mi testimonio y sé que fueron edificadas a través del mismo. Ambas han pasado por situaciones parecidas a las que viví antes de tener a mis niñas y de alguna manera u otra se identificaban con mi historia.

Y hoy, cuando leí el pasaje bíblico en la mañana, todo tuvo mayor sentido.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.” 1 Corintios 1; 3 – 5

¡Gracias Señor porque envías consuelo a tus hijos cuando están afligidos!

Parte del grupo en la Plaza de la Constitución (Zócalo, Ciudad de Mexico)


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