Nuestras Fuerzas Provienen De Dios

Estoy sentada en mi cama doblando ropa, muy complacida por estar haciéndolo como toda buena madre y esposa. Me levanto de la cama; lleno una canasta con medias (calcetines) que ya puse en parejas y las envolví como en una pelotita para entonces llevarlas a la gaveta (el cajón) donde mi esposo guarda sus medias. Camino en dirección al gavetero (cajonera) y ya llegando, no me percato de cuan cerca voy del borde de mi cama que está a mi derecha y ¡BAM!

Decir que vi las estrellas no hace justicia a lo que sentí. –“¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHH!!! ¡ME ROMPI EL PIEEE!!! ¡CREO QUE ME FRACTURE EL PIEEEEE!!!” Grité entre lágrimas. El dolor era insoportable y mientras mi pie derecho estaba todavía encajado en la pata de la cama lo único que pude pensar era en el siguiente dibujo que alguna vez vi en la internet.

Quiero hacer la aclaración de que usualmente camino con sandalias en mi casa porque me siento más cómoda que andando descalza y en 8 años que llevo viviendo en esta casa, nunca me había golpeado el pie de esta manera porque las sandalias me protegen. Aparte de esto, también cabe mencionar que usualmente, cuando doblo la ropa, agarro la de Ricky y la pongo en su lado de la cama y él se encarga de guardarla.

Pero, este domingo, por alguna razón, no tenía mis sandalias puestas y me dio con guardar las medias.

Cuando por fin, pude sacar mi pie (esto fue cuestión de segundos) y moverme para sentarme en la cama y ver como estaba me dio con mirar para abajo para ver el golpe … y no sé qué fue peor… el dolor terrible que estaba sintiendo o el ver mi dedo (el que está al lado del meñique) doblado hacia la derecha en un ángulo de 90 grados… ¡igualito que en el dibujo del meme!

La impresión fue tan fuerte que no esperé más y yo misma me lo volví a acomodar mientras que al hacerlo sentí y escuché que hizo ¡CRRRACK!

Eran las 10:30 pm y a esa hora (todavía llorando; si, soy una llorona, ¡lo sé!), llamé a mi hermano para que se quedara en mi casa (porque las niñas ya estaban dormidas) y Ricky me ayudó a caminar hasta el carro para llevarme a una sala de urgencias que queda cerca de mi casa.

Allá me hicieron las 20 preguntas, me llenaron los papeles, me sacaron placas y si, el diagnóstico fue fractura en el dedo.

Ahora todo lo que corría por mi mente era los 4 bizcochos que tengo que hacer para el fin de semana, la entrevista que tenía al día siguiente (lunes) a las 4pm, la llegada de mi papá este próximo sábado. ¿Ahora cómo voy a limpiar la casa? ¿Cómo voy a llevar a las niñas a casa de mi amiga y buscarlas a la escuela? Y lo más seguro no me van a contratar porque necesitan a alguien que se pueda mover y yo estoy más lenta que un oso perezoso porque no sé caminar con muletas…

Y vuelvo con la misma pregunta que Dios casi nunca ha escuchado a nadie hacer jamás… ya me imagino a Dios virando los ojos para atrás y suspirando: - “Señor: ¿Por qué permites que ocurra esto ahora? ¡Si sabes que tengo los cakes y la entrevista y tantas cosas pendientes!”

Y luego vinieron a mi mente tantas otras personas que verdaderamente están en situaciones mucho más difíciles que la mía. Que viven solos, que están postrados en una cama por años, o confinados a una silla de ruedas, o que han perdido todo, o que nunca han tenido nada, y me sentí miserable y pedí perdón a Dios.

Di gracias al Señor porque solo me fracturé el dedito y no toda la pierna. Porque no me caí y no me rajé la cabeza ni quedé inconsciente. Di gracias por mi esposo, porque no tengo ni que pedirle las cosas y ya me las está trayendo. Porque se hizo cargo de las niñas y las preparó y las llevó a casa de mi amiga, y las buscó en la tarde. Y preparó de comer y terminó de enganchar y doblar la ropa que se quedó a mitad cuando me lastimé el pie. También di gracias por mi hermano que se quedó con las niñas aun cuando era tardísimo.

Ahora quedaba practicar andar con las muletas y continuar.

Pues al día siguiente fui a mi entrevista. Me fue bien y ahora estoy a la espera. Y luego en la tarde descubrí una mejor manera para apoyar el pie lastimado sin que me duela, y aunque todavía tengo que usar las muletas puedo dar algunos pasos sin ellas si lo hago con cuidado y despacio. Así que no todo es malo. No todo es tragedia. Mañana será otro día y comenzaré a trabajar con esos cakes antes de que se me haga más tarde.

Y mientras termino de escribir, veo como mis fuerzas provienen del Dios de mi Salvación. De mi alto refugio, mi fortaleza y mi libertador. Entonces el me hace ver que soy bienaventurada.

¡Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos! Salmos 84:5


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